¿De qué viven las redes sociales?
Todos nos hemos preguntado alguna vez como es posible que servicios tan potentes y que usamos a diario como Hotmail, Gmail, Facebook, Google Street View, Twitter, etc., sean gratuitos y de uso ilimitado. Realmente Microsoft, Google o las redes sociales son empresas que, como todas, se han creado para ganar dinero y si no abonamos nada por su uso ¿Cómo se mantienen?.
Hay gente que opina que los usuarios somos sus clientes, pero no es cierto ya que un cliente es aquel que accede a un producto o servicio por medio de una transacción financiera. Nosotros somos sus productos, y los posibles compradores son todas aquellas empresas que comprar nuestros datos personales o insertan su publicidad en estos servicios, jugando con nuestra privacidad.
Por ese motivo a las redes sociales les interesa tener el mayor número de usuarios posible, con muchos contactos a su vez y con mucha información personal puesto que esto les permite segmentar más el producto que ofrecen a sus clientes.
Como la mayoría de los usuarios introduce una ingente cantidad de información sobre sus gustos, costumbres o estilo de vida, pueden aplicar tantos filtros como quieran a sus bases de datos de manera que un cliente que lo desee puede comprar un listado de contactos de hombres, residentes en Madrid, de entre 20 y 30 años, casados y tengan al menos 100 amigos.
¿Suena a cuento chino? Recientemente nos hemos encontrado una noticia sobre una empresa que consiguió ganar 40.000 $, invirtiendo tan solo 600 $ en publicidad, porque gracias a la información que incluimos en la red, pudo focalizar sus esfuerzos dirigiéndose a aquellas personas que realmente le interesaban y que eran son potenciales compradores, mujeres de 24 a 30 años que mantuvieran una relación sentimental estable. Facebook lo expone como un caso de éxito.
¿Y cuándo y cómo se nos informa de esto? Todos los usuarios que se dan de alta en uno de estos servicios son obligados a aceptar sus condiciones de uso pero por el contrario, la inmensa mayoría no las lee. Además, aunque lo hiciera, de poco serviría porque se amparan en normativas internacionales, están muy bien diseñadas y son lo suficientemente complejas como para aparentar determinada seguridad para la privacidad de los usuarios que finalmente no es tal con la normativa aplicable en la mano. Por lo tanto, cuando aceptamos sus condiciones no somos conscientes del poder que estamos otorgando para hacer con nuestros datos personales literalmente lo que quieran.
Y para terminar una última reflexión; Ahora todos nos hemos acostumbrado a tener correo electrónico gratis con Gmail, Hotmail o Yahoo, usamos Facebook, Twitter y LinkeIn a diario pero ¿Alguien se ha parado a pensar que quizás llevan años engatusándonos y ahora están listos para comenzar a cobrar por el uso de estos servicios que se han convertido en necesarios para nuestra rutina social y laboral?
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